Me empuja a escribir algo,
no se si es un sentimiento
o un duende de pelo largo…
Y me equivoqué,
porque poeta es,
da igual si escribe junto o separado,
con el corazón latiendo, o ahí, parado.
Y mira que yo solo podía escribir llorando…
Pero en fin,
gracias, en estas horas,
por volver a animarme a escribir.
Ríe a la vez que llora mi boli tinta,
Ríe porque aunque muere,
vuelve a la vida.
*Gracias por todo, maestro*
Podemos llorar para escribir, o escribir para llorar, o sólo llorar o tan sólo escribir... pero debemos escribir, liberar el alma (allá dónde ésta se estanque), aflojar la sensación de no poder expresar con el verbo lo que sí se puede con una letra escrita. Debemos asociar todo ello a la superación del angosto espacio que separa la emoción del constreñimiento y la libertad del pensamiento.
ResponderEliminarTodo esto debemos hacerlo, pero más que eso debemos aprender a atraer a una musa adormilada con el sonido de la voz: No del sollozo, ni del ardor. Una sonrisa debe ser el sonido... No olvidemos sonreir y plasmarlo en un papel:
Escribamos la sonrisa.