Los ojos, los cierro.
Bueno, al menos, lo intento.
El alma, en silencio.
Mis sentidos,
absolutamente quietos.
En ese momento te giras,
y yo, te miro, te huelo,
en fin, te siento.
Me miras, y sonríes.
Tus labios abiertos
me piden un beso,
y yo, te lo regalo,
deseoso de volver a hacerlo.
No sabemos la hora,
porque hemos detenido el tiempo.
Te arropas en mis brazos,
y de nuevo te vence el sueño.
Yo llevo días sin dormir,
acariciando tu pelo.
Que no me alejen de ti,
que me muero,
que nadie rompa nuestro sueño,
en el que siempre,
absolutamente siempre,
soñamos despiertos.
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