Para nuestra desgracia
hay días que no pasan,
y años, que no deberían pasar.
Para nuestra desgracia,
tengo que celebrar
que otro día que pasa,
otro día que no estás.
Para nuestra desgracia,
el sufrimiento no pasa,
las penas se quedan,
las lágrimas no acaban.
Para nuestra desgracia,
un rescoldo de tu presencia
aviva la amarga llama.
Para nuestra desgracia,
sigo sin poder mirar
la calle en la que estaba tu casa.
Para nuestra desgracia,
hay días que pasan,
y años, que no deberían pasar.
hay días que no pasan,
y años, que no deberían pasar.
Para nuestra desgracia,
tengo que celebrar
que otro día que pasa,
otro día que no estás.
Para nuestra desgracia,
el sufrimiento no pasa,
las penas se quedan,
las lágrimas no acaban.
Para nuestra desgracia,
un rescoldo de tu presencia
aviva la amarga llama.
Para nuestra desgracia,
sigo sin poder mirar
la calle en la que estaba tu casa.
Para nuestra desgracia,
hay días que pasan,
y años, que no deberían pasar.
He aquí una de esas poesías en las que bien en un pedazo, bien en toda su extensión, cualquier persona puede sentirse reflejado en ella y eso la hace grande. Me quito el sombrero una vez más porque la brisa de las musas han dado donde sólo la intimidad puede llegar... Sí señor.
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